cicatriz, por cicatriz…

Busco y perforo, refriego mi piel con escobilla de metal para sacarme todo de encima. Y cuando ya no hay piel, ni sangre, sólo me queda vomitar las huellas...

Última

sin título

Siempre me creí el cuento de que la literatura era una forma de sacar el dolor, de que si lo escribías se transformaba en otra cosa y ya no era parte de ti.  Pero el caso es que esta vez no sirve de nada, el dolor se me encostró en los pliegues, se me tatuó en los interiores de la carne.

Y quizás la palabra no es dolor, es estupor, shock, pasmo, asombro, duda. Es quizás una sonrisa apenas esbozada porque no sabes si lo que miras es cómico o grotesco.

No sé qué pintura fui el día de hoy. Pero es hora de cambiar la rueda, bajarme de la calabaza y afrontar las consecuencias de mis actos. No más pobrecitas doncellas. No más sentimientos que me cabalguen como bestia.

Si alguna vez pasas por aquí, debes saber que fue real. Que no importa porqué ni cómo.

Total, en un universo paralelo nuestra confianza nunca se rompió. Y mañana nos levantaremos a tomar el desayuno con uvas frescas y sandía dulce.

En este. ya no tenemos nada que decir.

Ciudad

Quisiera escribir en tercera persona, ficcionalizarme el día de hoy. Pero no puedo, soy la imagen de mí misma tratando de encontrar un refugio en la imagen de las letras. Y no hay forma de esconderse sin que el ruido de la ciudad te pese en los tímpanos.

Yo creía que sería más fácil dejar el sur y los bosques, la niebla y la humedad. Yo creía que extrañaba el ruido, que estaba en sintonía con el caos. Y me dí cuenta que he bailado muchas danzas estos últimos años, que ya mis pies no quieren cemento, ni asfalto. Espinas, piedras, barro, hierba…. eso quieren mis pies.

Mi rostro no quiere sombras de edificios altos, quiere rayos de sol que se cuelen entre las ramas de los arrayanes. Quiere hablarle al Canelo que hay en casa y decirle que la ciudad es una gran perra hambrienta.

Mis manos extrañan el frío. Mis labios extrañan la ausencia.

Y es que no es fácil acostumbrarse a esta ciudad. Caminando pasos entre cadáveres, viendo almas descarnadas contemplar los cuerpos de quienes fueron engullidos por la ciudad.

Creo que ahora entiendo lo que es el desarraigo, un poquito, un pedacito ínfimo. Comprendo lo que es el hogar, sentirse en casa. Comprendo que el olor a leña y el mate no eran tópicos literarios; que finalmente se extrañan en la piel, en la nariz, en el día a día.

Pensé que sólo una silueta sería suficiente, pero me descubrí doble. En cada esquina y rincón habitan dos mujeres que no han logrado entrar en diálogo. Una de ellas fue abandonada hace más de diez años en una callecita santiaguina. Con los bracitos goteantes y las manos extendidas… las pestañas batientes y la carita de porcelana.  Ella no se sabe fantasma, pero habita en las letras como si fuera una mujer imposible, una maga, una bruja urbana. Una hembra de pacotilla.

La otra en cambio, se quedó con las rodillas peladas de tanto revolcarse entre las piedras y los ríos, con las manos llenas de espinas y la cara manchada con jugo de frambuesas. Ella no sabe que se ha ido, ella corre en cada segundo escuchando el sonido del agua. Corre hacia el agua y besa el viento, pensando en que no volverá jamás.

Yo no sé cuál es el camino que he tomado entre estas dos mujeres.  Soy coja en una ciudad de atletas, soy vidente en una ciudad de sordos. Soy el diálogo innecesario y la palabra fugaz.

Beso el viento, por cada vez que mis palabras han huído. Beso la tierra, para ver si mi cordón se afirma un poco más antes de secarse.

Y aunque digan que es cursilería. Después de vivir en esas tierras, no hay forma de evitar la añoranza y el larismo.

¿Innecesario?

Quizás, pero la voz de los pájaros habita en el centro de mi pecho.

Espantapájaros

Los dedos quedaron azules luego de tantos sueños. Los dedos quedaron huérfanos luego de tantas huidas. Y mis ojos se tiñeron con el refriegue constante  de los dedos pintados. Y no es que las lágrimas hicieran de mí una escena romántica, sólo era que las gentes aparecían en el cielo con sus voces de gigante.

A veces olvido los momentos en que cerré los ojos implorando un destino que cambiara de rumbo. Y pude darme cuenta que el destino me renunció.

El destino, tomó la página del libro que correspondía a mi nombre y de cuajo la arrancó.

Esto no es un cuento de hadas, es la vida que siempre se arrancaba de mis manos hasta que terminó por escapar. Y ahora son sólo esas voces en el cielo las que dictan el vuelo.

No tengo miedo a las caídas, pero no llevo caja negra, o me la hurtaron, o decidieron que no se necesita.

No saben que escondí la hoja entre los pliegues, sólo me falta el pedacito de carbón para moldear mi propio camino hacia el mago de Oz.

Y esta vez no habrá leones sin cojones, ni hombres sin corazón. Esta vez me quedo con el hombre que espanta los malos augurios. Mi protector de pesadillas y monstruos. Mi hombre sin cerebro.

El caballero al rescate hecho de paja y calabazas…

Un texto rescatado

(Si tiene sensibilidad religiosa, por favor no lea este texto)

(LO DIGO EN SERIO)

I

Dios está borracho. Esta noche hemos salido de parranda por Avenida Matta. Entre tanta virgen nos encontramos con la Candelaria fumándose un cuete con un grupito de punkies.

Me imaginaba que era un poco más alta, quizás era porque siempre la vi subida sobre un pedestal. Cerraba los ojitos como niña primeriza mientras aspiraba, contenía el aire mirando a Dios de reojo.

-       A él nunca le ha gustado la marihuana, ni los punkies- le digo

Dios se caga de la risa en mi cara.

¿Quién eres debajo de tanto pelo?

La muchachita rockera cree que sabe algo, cree que la respetan y todo es porque Dios camina a un lado mientras van pateando botellas.

En Avenida Matta…

-       Nunca creí que cargaría a Dios borracho sobre mis hombros- digo en la esquina, mientras el semáforo rojo tirita en mi pupila. Tengo que tomarle la chasca rubia para que no quede todo lleno de vómito.

-       Te dije que no comieras sopaipillas en la calle-

-       Errar es humano, perdonar es divino- me dice mientras le cuelga un pedazo de zapallo en los dientes delanteros.

Caminamos hasta llegar a los night club de Diez de julio. Dios siempre ha tenido, afición por las putas. Tienen un no sé qué que le llama a la compasión y la calentura.

-       Si te vistes de María te la meto como si fuera el Spiritu Sancto

-       Estoy cansada de tus blasfemias- me quejo antes de escupir sangre por la boca.

No es bueno cuando Dios se emborracha. Tiene esa obsesión por visitar barrios marginales. Se siente a gusto entre putas, maricas, cafiches y ladrones. Les sonríe como si ellos fueran su corte angelical.

Sus ángeles han caído en desgracia y él no se cansa de invitarlos a la casa a tomar un par de litros de sangría.

-       Mejor nos vamos a dormir- me dice con los ojos desorbitados, marcando una cruz sobre mi frente

-       Mañana es domingo. El día del Señor.

Las campanas de la Iglesiasuenan, un gato moribundo se atascó en el campanario.

 

II

Sigo convencida de que a Dios le gustan las putas. Hay algo de sagrado y religioso en el dulce acto de la transacción corporal.

El otro día encontré un par de medias rojas en el último cajón de la cómoda. Dios-transformista, juguetón y considerado con el menesteroso. ¿Cuál es la oración que debo entregarte cada noche?

Un bolero de puerto suena en mi cabeza mientras espero tu bendición nocturna. Aún me pica entre las piernas luego de que me pegaras las ladillas.

-Dios, déjate de andar con esas putas

-Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada en tu boca en conmemoración mía.

-Amén –se me atraganta el líquido viscoso en la garganta. El sabor agridulce me queda pegado y el olor intenso de tu sexo descuidado me perfora la piel.

-Ven, besa mis cabellos, hazme creer que soy tu puta sagrada

-Querida mía, aún no destilas almíbar, aún no pruebo el aceite que mana de tu sagrada rosa mística..

¿Sería que bebiste demasiado néctar sentado en las nubes del cielo?

Porque no puedo evitar recordarte como si fueras el aire helado que me rompe la piel. Sé que te encantan las putas, solo que aún no manejo su performática mirada.

Me subo la falda, me saco las pantaletas y me arreglo los senos para ver si con tanto apretón se me erectan los pezones.

-¿Por qué no vienes a probar el veneno que pusiste en el centro de mi vientre?

Vamos, aún puedes descartar la espada de fuego para caer con hambre sobre el cuerpo reventado de tanto deseo.

Cuando pierda mi senda, sabré encontrarte. Estarás sometido al constante flagelo de la cruz, vestido de escaras probarás el pecado para ahuyentar a todos los demonios que llevo dentro.

Y yo gritaré como gata en celo cada vez que los clavos penetren mi carne. Las muñecas y los talones sudarán la sangre que corre para besarte la boca, para bañarte de mi amor devoto.

Dios, estoy convencida que me has llamado a que cumpla los votos; seré tu concubina, tu doncella vejada más allá de la carne.

Sabré hacer lo que resta. Comerme las lágrimas y los insultos. Decirte que te amo y que santifico tu nombre cada vez que mis rodillas se pelan con el roce continuo del sagrario.

Me carga

I

Me carga cuando hablas en plural si estás hablando de mí

Me carga cuando muestras lo que tienes para esconder lo que no

Me carga cuando le llamas “paper” a un simple artículo de revista electrónica

Me carga cuando te haces el intelectual

Me carga tu batalla por la justicia aprendida de historietas yankees

Me cargan los insectos que entran la habitación para luego solo querer salir

Me carga cuando dices que quieres, pero no sabes lo que quieres

II

Me carga que todo se trate siempre de ti

Me carga que muestres todo para dejar a los demás con los bolsillos vacíos

Me carga tu populismo absurdo

Me carga que seas una mujer superficial

Me carga tu silencio, el escondite perfecto para tu fascismo deformado

Me cargan las polillas que golpean una y otra vez mi bombilla eléctrica, solo para buscar atención.

Me carga cuando dices que quieres, pero no sabes lo que quieres

El dragón gana la partida…

La conmoción arrebata mis dedos. Los músculos se atrofian obligándome a escribir estas palabras. Porque se apodera de mi la anciana vanidad de la razón y perezco frente a la falta de creatividad.

Pensé que sería más fácil derrotar caballeros y asesinar princesas. Mi plan secreto era fugarme con el dragón. Alada y con espinas clavadas en su escamosa piel. Pensé que la serpiente jugaría con mis cabellos sintiéndose como en casa.

Predije tantos males y tantas despedidas. Predije besos y promesas. Mis ojos cerrados ven sobre el entramado de los hombres. Y me canso de la misma historia repetida.

Los caballeros no derrotaban a los dragones, sólo se prestaban una vez al año para la farsa. Las princesas dejaban sus largos cabellos recogidos para que nadie osase hablar mal en su nombre. Todos accedieron al juego.

Yo me quedé con las manos vacías, sólo puedo ver la marca de tus dientes sobre mis brazos. Mi mejilla izquierda exhibe un hueco grotesco que provocaste con el último beso.

Ni aunque le pidiera al mismísimo Escritor que me convirtiera en Blancanieves podría lograrlo. Al parecer me toca siempre el papel de la bruja. El exilio y la condena. La piel arrugada y las verrugas.

Hoy dejo mis besos envenenados en estas líneas. Hoy dejo mis alas para caer y estrellarme de una vez por todas.

Hoy acepto que el dragón me ha vencido. Que las llamaradas de su aliento me han consumido hasta las entrañas.

Pensé que te quedaba bien la piel de lobo.

Pero siempre fuiste el hombre con la espada de hielo.

 

 

Acuática

Toda la piel hecha manto

cada hebra

transmutada.

Siempre fuiste parte

de la constelación.

Mi futura Andrómeda

extiendes el mar frente a mis ojos

gritas el júbilo sobre los párpados.

Un viejo tirita  en el borde del agua.

Sirena sobre las aguas

dime cómo habitar el mar

Bella Andrómeda

enséñame a habitar el cielo

danzando acuática en la memoria.

Serás la madre. El tiempo. La piel.

Luna de contornos violeta

pincha mi costado…

Las algas me habitan entera.

Bebiendo a sorbos del Leteo

Y es la misma letanía que repito una y otra vez…

Maldita para olvidar las palabras en el momento en que salen de mis labios. Voy olvidando mientras digo. Los besos ya no me saben a sal. No los recuerdo. No sé lo que son.

Bebo del Leteo a sorbos, a pequeños sorbos, para torturarme por partes. Para figurarte como un mosaico, como un conjunto de fragmentos que se unen por una idea. Por un deseo. Por este rezo que repito.

Y tu nombre se articula en la punta de mis dedos hasta llegar a mis labios, sólo que mi corazón ha olvidado qué significa ese sonido. Mi corazón ha olvidado demasiado. Lleno de grietas se ha drenado por completo. Es un músculo deshidratado y rígido.

Tus facciones se contrajeron cuando escucharon la arritmia cardíaca. Pusiste cara de pregunta. ¿Cómo iba a decirte que mi corazón gotea tristezas desde hace mucho tiempo? Que cuando llegaste ya no había vuelta atrás. Ni siquiera los miles de insectos que habitan en mí pudieron contener la arena que se derramaba por mis arterias.

Y con cada beso bombeaba lo último que quedaba dentro.

Cuando la última gota cayó, olvidé tu nombre. Sólo queda mi nombre tatuado en mi frente, y puedo repetirlo porque veo su reflejo cuando bebo a sorbos el Leteo.

Cada letra es un océano que se aleja. Es una lágrima que no derramaré.

Todo se evapora.

Y esta vez, no tengo explicación ni cuento para ello.

La paradoja de Zenón

¿Cuánto tiempo tardaría en darme cuenta de que vivimos en una paradoja?

Soy la mujer lanzando besos al viento, besos que finalmente nunca alcanzan a salir de mis labios. Soy la mujer que espera despierta, sin embargo mis ojos jamás logran realmente cruzar la distancia entre el sueño y la vigilia. Siempre permanecen cerrados.

Y es que no comprendí que yo sería la paradoja del sistema, el elemento falsídico, la coordenada precisa para desconfiar.

Jamás me alcanzarás, sonreía con mi cara de tortuga… Y mientras avanzabas hacia la derrota, yo permanecía en ese rayo unidireccional al vacío.

¿Por qué no me dijiste que si sumábamos los infinitos podríamos ser por fin algo concreto? Algo que no se nos escapara de las manos…

Pero permitiste la paradoja y me dejaste cruzando mitades infinitas. Ese abismo, esa distancia que crece a cada paso. Como Sísifo o como Zenón lanzándole piedras a un árbol, piedras que nunca salen de sus manos.

¿Por qué no me explicaste simplemente que la solución era 1?

Que no importaban las mitades que yo recorriera, ni los fragmentos de espacio y tristeza que tocaran mis pasos, la solución siempre sería 1.

Pero prefieres la paradoja.

Mis brazos nuevamente se extienden al infinito… y quedan alzados…. por los siglos de los siglos…

Quote

“Nos separamos hace muchos miles de kalpas y, sin embargo, no hemos estado separados ni un solo instante. Nos estamos viendo las caras uno al otro durante todo el día, y sin embargo, todavía no nos hemos encontrado”.

D. T. Suzuki. La Esencia del Budismo (quote from El tao de la física de Fritjof Capra)

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 107 seguidores